jueves, 18 de noviembre de 2010

Hoy

[Esta entrada la había escrito hace unos meses pero no se porqué no la publiqué antes]

Desde hace días vengo haciendo varias reflexiones algo superficiales sobre lo que voy viviendo y he concluido, a grandes rasgos, que soy hija bastarda de la tradición criada por teorías postmodernas y liberales. Con esto me refiero a que crecí en un hogar burgués, literlamente: familia acomodada, católica, de profunda visión moral, con tradiciones marcadas, una jerarquía bien marcada y respetada donde mis papás, a diferencia de la mayoría de los papás de mis amigos y muchos hoy en día, no intentaban ser 'amigos' de mí o mis hermanos, sino que se preocuparon más por formarnos y enseñarnos que hay que tener una estructura para que las cosas funcionen (desde una sociedad, hasta un simple juego de mesa), también se preocuparon por enseñarnos las normas de educación y etiqueta. Ahora, esto no quiere decir que el ambiente era frío e impersonal como un internado de hace un par de siglos, al contrario, todo lo hacían con todo el cariño y cercanía. Con todo esto que les cuento, quiero dibujarles como ellos son verdaderamente 'padres de familia' y no 'cuates'. Asumieron con responsabilidad y madurez el papel de papás desde el principio y cuando alguno de mis hermanos o yo intentabamos ningunearlos, manipularlos, o salíamos con alguna altanería, simpre encontramos una mano que nos indicaba que hay que respetar la autoridad.

Me ha tocado ver una cantidad de casos en los que son los hijos los que mandonean a los papás y los papás, para no 'reprimir' al niño (que es malcriado, grosero y egoísta, la mayoría de las veces) se quedan callados y no ejercen su paternidad como les corresponde. Esos niños terminan creciendo sin un sentido de autoridad y qué cruel les será la vida cuando crezcan y tengan que aprender ese tipo de lecciones (y tantas más) a la mala.
No nos podemos sorprender de tantos fracasados que nos encontramos en el día a día si este es el tipo de educación (o falta de educación) que hay en casa. Padres que se lamentan al ver a sus hijos inmersos en vicios e impotentes para ayudarlo porque no tienen ningún ascendiente sobre ellos; jóvenes que quieren mandar el mundo y que se les conscienta cada capricho, incapaces de asumir responsabilidades (incluso las que exige el nivel de madurez que deberían tener para su edad)...
Me parece que mi generación es una generación que creció huérfana, educada por programas como 'Aventuras en Pañales', 'Bob Esponja', 'Dragon Ball' y 'Pokemón'. Programas huecos o llenos de mensajes que hasta pueden llegar a ser agresivos, donde se promueve una anarquía desenfreada.
No está mal rebelarse. Es incluso necesario para el progreso pero no podemos ir por el mundo protestando por todo. Para que haya una verdadera evolución debe haber una base de principios y valores objetivos que marquen la pauta, el ideal que se busca. Habrá ocasiones en las que el bien común, fin más humano y alto al que se puede aspirar, implicará renunciar y sacrificar cosas buenas y lícitas, pero he ahí la grandeza de luchar por algo: ejercer la libertad motivados por algo más grande y mejor que mi bienestar personal. Pienso que no hay un acto más libre que ése.
Bueno, creo que ya me emocioné escribiendo y es necesario que me ponga a hacer mi tarea. Espero no volver a abandonar tanto tiempo el blog (=